domingo, 10 de febrero de 2008

Estaba sentada en el banco de una estación de tren vacía cuando te conocí. Inmediatamente te acercaste, extrañandote -quizas- de ver a alguien como yo sentada allí.
Nos caímos bien desde el principio, vaya a saber uno por qué. Charlamos de cosas simples, triviales también. Me contaste que ibas hacia lo de una amiga o un pariente tal vez, si es que mi memoria no me engaña. Todo parecía ir bien, al menos hasta el momento en que decidiste preguntar, con una curiosidad casi propia de un niño:
- Y vos, ¿qué es lo que esperás?
Entonces, sin contestarte, decidí irme sin mirar atrás.

1 comentario:

Guillermo N. A. dijo...

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por supuesto no te detengo... sólo te veo partir... firme y sin volver la vista atrás... una rápida evaluación me concluye la conciencia limpia... no ha pasado nada... sigo mi camino...
nada hay que vaticine las insomnes noches que pasaré preguntándome con cierta ansiedad por esa respuesta que nunca sabré...

Saludos...
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